Antibióticos: un exceso que antes o después pagaremos.

Nuestro país destaca en algunas cosas: una industria turística envidiables (debido a un clima privilegiado y a una industria de hostelería y ocio entre las mejores del mundo), ingeniería ferroviaria de alta velocidad que nos hace estar entre los puestos de cabeza mundiales con una de las mejores redes del mundo, una sanidad que aunque haya descendido en este último año presenta grandes fortalezas, un sistema de donación de órganos y transplantes quew es ejemplo a nivel mundial… Pero tenemos algunos grandes defectos.

No voy a hablar de los puestos de España en los últimos festivales de Eurovisión, sino del consumo de antibióticos donde desgraciadamente nos encontramos en tercer lugar  de todo el mundo en el uso de antibióticos entre los años 2000 y 2015.

¿Qué es un antibiótico?.

Se trata de una sustancia química sintética o semisintética que actúa sobre la estructura o el metabolismo de las bacterias ayudando al sistema de defensa del cuerpo a su destrucción. Las bacterias son organismos vivos microscópicos causantes de algunas infecciones aunque la mayoría están causadas por virus (y para ellas hay muy pocos tratamientos).

¿Son buenos?.

Claro que son buenos si se utilizan cuando hay que utilizarlos, es decir, cuando hay la suficiente sospecha o la confirmación que nos encontramos ante una infección bacteriana.

¿Qué pasa si se utilizan mucho?.

Si se usan de forma inadecuada (tratamientos irregulares, incompletos o sin necesidad) las bacterias “aprenden” a defenderse de estas sustancias de manera que se pierde eficacia. Esto conlleva varias cosas y entre ellas la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos. Es decir en nuestro país estamos en riesgo de que bacterias en principio poco agresivas se vuelvan reistentes originando infecciones graves que pueden poner en peligro nuestra vida, la de nuestros seres cercanos o de toda nuestra sociedad.

¿Qué pasaría si aparecieran bacterias multirresistentes?.

Que dejaríamos de tener armas eficaces para ayudar a nuestro organismo a combatir infecciones de manera que podríamos tener epidemias sin un tratamiento.

¿Cómo puedo contribuir a ello?.

De muchas formas:

  1. No consumir antibióticos sin prescripción (fundamental el apoyo de los farmacéuticos comunitarios).
  2. No “forzar” al médico a la prescripción de antibióticos (con frases como “ya sabe que sin un antibiótico a mí esto no se me pasa”).
  3. Si el médico nos receta un antibiótico cumplimentar el tratamiento tal y cómo se nos explica (dosis prescrita durante el tiempo que nos indique). Es fundamental cumplir tanto el tiempo entre dosis como el tiempo total de tratamiento.
  4. Los profesionales sanitarios estamos cada vez más concienciados de este gran problema de forma que cada vez (aunque sea poco a poco) vamos prescribiendo una cantidad menor de estas sustancias.
  5. La mayoría de las infecciones son víricas y los antibióticos no están indicados por lo que no hay que tomarlos (y mucho menos sin la indicación de un profesional).
  6. Los antibióticos no quitan la fiebre, ni la tos, ni el dolor muscular.
  7. La aparición de ganglios, de placas en las anginas o el moco verdoso en la expectoración no tienen porqué indicar que se trata de una infección pro una bacteria.
  8. No todas las infecciones de orina tienen que tratarse con antibióticos.
  9. No siempre que haya fiebre alta indica que hay una infección por una bacteris (y que sea necesario un antibiótico).
  10. La mayoría de las infecciones son banales, no van a poner en peligro nuestra vida, y se van a curar de manera natural a través de nuestro sistema de defensa (si está en condiciones óptimas); en cambio el mal uso de antibióticos puede poner en riesgo nuestra vida y la vida de quienes tenemos al lado.