Nieves, fríos y gripes.

Al igual que todos los años llega el frío, las nieves y epidemia de gripe. Siempre nos pilla con el pie cambiado a todos… ¿o no?.

 

Como cada año llega una epidemia gripal con miles de afectados. Se sincroniza con otros cientos de virus que afectan a las vías respiratoria y que causan catarros.

La fiebre, la tos y el malestar general son habituales. Pero, aunque afecte a nuestra vida, en personas jóvenes, sanas y sin patología crónica no va más allá de unos días de malestar que curan solos.

Pero da lo mismo. Las consultas están llenas, los retrasos son lo habitual y perder los nervios una rutina en la jornad laboral.

¿Culpables?. No es cuestión de culpabilizar a los ciudadanos ni a los profesionales, solo hay que pedir un poco de responsabilidad. Las autoridades sanitarias sí tienen más culpa, porque se pueden mejorar ciertas cosas.

Desde mi humilde escaparate propongo una serie de soluciones.

 

Lo que se ha hecho y no sirve.

Desde los ámbitos políticos y gestores se planifica bien (o por lo menos con impacto mediático) la campaña de vacunación. Se organizan agendas, se distrubuyen dosis de vacunas y se anuncia por medios de comunicación el inicio de la campaña vacunal. La prevención queda más o menos fijada, pero hay muco más que hacer.

Cuando llega la epidemia gripal las consultas de todos los niveles asistenciales quedan colapsadas (todos los años) y parece que esto no tiene la menor importancia. La única solución que veo es culpabilizar en cierto modo a la población que está enferma ya que no se hacen campañas importantes de educación y solo se recrimina su asistencia a los centros sanitarios.

Claramente no sirve:

  1. Mensajes de “acuda a su médico” ante cualquier mínima alteración que oigo de forma continuada en programas de radio y televisión y que no tienen contestación por parte de autoridades sanitarias.
  2. Responsabilizar de la gestión a puestos intermedios en la cadena de mando que no tienen capacidad de toma de decisiones. Parece que los responsables de la organización “delegan” (y lo pongo entre comillas porque eso no es delegar) responsabilidades en la jerarquía. Así la responsabilidad se diluye y se deja al descubierto a los puestos de responsabilidad más frágiles y débiles de la cadena de mando.
  3. Culpabilizar a la población. Porque no se educa, se responsabiliza. Las pocas intervenciones de los gestores sanitarios son para decir que no se acuda a las urgencias de los hospitales, que están colapsados, que vayan a su centro de salud (que deben pensar que estamos mano sobre mano). Mensajes que he visto en redes sociales pueden despertarnos cierta sonrisa a los trabajadores sanitarios, pero ¿de verdad educan sobre un uso eficiente de un servicio de todos y para todos o culpabilizan?. ¿Es bueno decir a los ciudadanos que “eviten sus visitas” al centro de salud en días determinados, o tendrá que ser el sistema sanitario quien busque soluciones a sus fallos?. No estamos diciendo que no acudan al médico o a la enfermera por una serie de motivos que no son enfermedades y que se pueden solucionar con un poco de paciencia… les estamos diciendo que no vengan !en las fechas en las que nosotros estamos más saturados de trabajo!.

 

Soluciones

La queja por la queja es absurda y por ello propongo, desde la humilde visión de un profesional asistencial, una serie de soluciones:

  1. Mantenimiento de las plantillas.  De forma tradicional la falta de presupuesto para el aumento de sueldo de trabajadores sanitarios se ha visto compensada con días libres. Sí, los “moscosos” y demás “osos” no son días que se nos regalan a los empleados públicos, sino días que compensan subidas salariales que nunca existieron. El problema es que con las sucesivas crisis cada vez tenemos más días libres que no son suplidos. Estos días tienen fechas de caducidad y los trabajadores sanitarios, que también tenemos familia y nos gusta compartir estos días con ella, aprovechamos para disfrutarlos. La petición no es aumentar plantilas… al menos mantenerlas (en mi centro de salud hay días de hasta un 60% de plantilla en fechas complicadas). No hay que echar las culpas a los directores de los centros de salud o de cualquier servicio sanitario, sino que el probema ha de recaer en responsables superiores capaces de gestionar de verdad las plantillas asistenciales. “No hay suplentes”, es la frase de estas temporadas… no hay ¿o no los habéis sabido fidelizar y mantener?.
  2. Justificantes de ausencia. La mayoría de los pacientes no acuden a la consulta del primer nivel asistencial para una atención sanitaria, sino para una atención burocrátca. El papel justificante o la baja laboral que acredite su enfermedad y la ausencia en su puesto de trabajo que les requiere la empresa. Hay otros sistemas mucho más eficientes que se han implementado en países de nuestro entorno. Mientras que el médico, a través de su firma, sea el único capaz de acreditar un estado de salud que haga que un trabajador pueda ausentarse sin penalizaciones de su puesto de trabajo tendremos colapso en las consultas. Las mañanas en las que firmo durante más tiempo del que pienso, son mañanas desaprovechadas.
  3. Recetas: Una parte importante de las visitas de los lunes son: “He ido a la urgencia durante el fin de semana y vengo a por la receta”. ¿Contenido asistencial de la consulta?, cero. ¿huecos asistenciales ocupados?: uno, ¿tiempo invertido?: varios minutos, ¿desgaste personal y profesional?:elevado. Hay desarrollados herramientas para que el ciudadano pueda obtener esa prescripción a través de otras vías que no sea la presencial.
  4. Campañas de educación: La educación en la consulta no sirve. Llevo años repitiendo la misma cantinela. Reforzando positivamente cuando las cosas se hacen bien e intentando (con mayor o menor fortuna) reconducir las actitudes. Lo siento, no sirve, no es útil. Los profesionales sanitarios de atención primaria que tenemos el privilegio de mantener una asistencia continuada y ser figuras de referencia en salud para la población que atendemos nos estamos dando cuenta que el consejo no sirve en este caso o la eficacia del mismo es muy escasa. Es posible que campañas de educación a otro nivel, bien diseñadas y con impacto social, puedan ser más eficaces.

Porque el problema no es trabajar menos, sino trabajar mejor. En la semana pasada llevo una media de 50-60 pacientes por jornada laboral asistidos en la consulta y 1-2 avisos a domicilio. Aseguro que a última hora mis capacidades para pensar se ven considerblemente mermadas, y no quiero pensar lo que les ocurrir´a compañeros y compañeras médicos y enfermeras de servicios de urgencia hospitalaria o extrahospitalaria, en plantas de hospitales o en consultas de segundo nivel… pero creo que no estarán mejor. Esto no es una comparación entre niveles asistenciales, sino un S.O.S a quien tenga la capacidad de tomar decisiones.

 

La población. La ciudadanía.

Una de las maravillas que me hace sentirme agusto en el sistema público es la vocación de servicio a los ciudadanos. Estoy muy orgulloso de un sistema sanitario, que con sus enormes fallos, es capaz de ofrecer una asistencia más o menos universal, más o menos equitativa y más o menos gratuita.

Atiendo a una población con unos niveles económicos medios-bajos que en la mayoría de los sistemas sanitarios de otros países, no muy lejanos al nuestro, tendrían serias dificultades para obtener una asistencia sanitaria.

Y siempre hay que recordar algunas cosas:

  1. No es gratis. El sistema de salud no es gratis. Sale de nuestros impuestos y cuesta mucho dinero.
  2. No me pagan. No me paga cada uno de los ciudadanos a los que atendemos, me paga toda una sociedad por el trabajo que realizo, y, en el caso que lo hicieran, acuden a la consulta para confiar en un proceso con altas dosis de pensamiento científico en el que la toma de decisiones ha de ser compartida, pero no unilateral por parte del ciudadano. Por ese motivo, el hecho de pagar impuestos y contribuir de forma proporcional al mantenimiento del sistema no nos confiere privilegios de exigencia al mismo ni a los profesionales que trabajamos en él.
  3. Sentido común. No se puede exigir conocimientos sanitarios a la población, pero sí sentido común. Un “grano que me pica desde hace tres meses”, no justifica la solicitud de una consulta “urgente”. Es más, esa solicitud de asistencia es insolidaria respecto al resto de conciudadanos.
  4. No confundir la urgencia con la prisa. La urgencia es un concepto sanitario. Identifica una situación donde hay un compromiso vital o un malestar que justifique una asistencia inmediata (personalmente creo que un dolor intenso tratado en el domicilio con las herramientas que un ciudadano dispone y que no cede es una urgencia aunque sea causado por un proceso banal). El hecho de solicitar una visita “urgente” porque esta tarde tengo cosas que hacer o porque mi médico no tiene cita para hoy, es un mal uso de un sistema que nos ofrece a todos muchas ventajas y tranquilidad y que es responsabilidad de todos que siga funcionando.
  5. Paciencia. Siempre digo que enfermamos en un instante y que la curación es un proceso que requiere tiempo. Una fiebre de horas de evolución sin repercusión del estado general no se puede diagnosticar.

Uno de los principales problemas es que el ciudadanos no vive como suyo un sistema sanitario. Lo vive como un servicio al que tiene derecho pero en el que no tiene ninguna responsabilidad. Este es un trabajo de gestores y políticos, hacer que todos y cada uno de los ciudadanos de este país nos sintamos orgullosos de un sistema que es ejemplo y modelo para muchos otros sistemas de salud, mejorarlo en sus puntos más débiles, cuidar a los profesionales que trabajamos en él y que entre todos hagamos que sea un sistema más justo, más universal y equitativo.

Mientras tanto nos seguiremos quejando, seguiremos haciendo pequeñas protestas y conatos de revolución, seguiremos manteniendo conversaciones en el pasillo fruto de la desesperación de querer hacer, saber hacer y no poder hacer… pero si los que tienen la capacidad de cambiarlo no lo hacen, este barco, antes o después se acabará hundiendo.