¿Por qué lo llaman telesalud cuando deberían llamarlo «teléfonosalud»?

La pandemia COVID-19 ha obligado a que la asistencia sanitaria cambie y se adapte a las nuevas necesidades, dando prioridad a la asistencia a distancia y a la asistencia domiciliaria, evitando así aglomeraciones en las salas de espera de los centros sanitarios que pueden suponer un gran foco de expansión del virus.

El mecanismo es muy sencillo:

  1. El ciudadano pide la cita a través de los diferentes medios disponibles (que puede ser personal administrativo del propio centro o un sistema automatizado de cita en breve).
  2. Aparece un acto «teléfono». El profesional sanitario (médico. enfermera, pediatra, matrona…) contactará telefónicamente con el ciudadano y valorará el motivo de la consulta.
  3. Si el motivo de la consulta se  puede solucionar por teléfono, se realizará a través de esta vía. Si no es así, se concertará una cita presencial (en el mismo día habitualmente o al día siguiente) para una valoración. Estas citas se hacen con el suficiente tiempo entre ellas y conrespecto a las agendas de las consultas contiguas para evitar que coincidan varias personas en las salas de espera.

La base de la asistencia es, por lo tanto el teléfono,  y todo lo que no se pueda solucionar a través de él requiere una presencialidad.

Con esta pandemia, tanto ciudadanos como profesionales, nos hemos dado cuenta de que muchas de las actividades que realizamos en la consulta pueden ser valoradas y solucionadas por esta vía: solicitud de analíticas, errores de receta electrónica, prescripciones habituales temporales, informes, etc. La necesidad y el miedo nos han hecho ver que la tecnología puede ser nuestra aliada.

Cuando prescribimos un aislamiento a un ciudadano o a una familia, sospechoso o infectado por coronavirus debemos facilitarle el seguimiento, el acceso a dudas o consultas, la medicación en caso necesario, la baja laboral cuando corresponda o la posibilidad de derivar a un nivel asistencial superior si fuera necesario, y todo ello sin que el ciudadano o la familia salga de su domicilio.

En otras muchas ocasiones se requiere una imagen pero, desgraciadamente, el sistema no está preparado para generar una comunicación segura de este tipo. Si tuviéramos un sistema de transmisión de archivos seguro y confidencial, ya fuera síncrono (tipo webchat) o asíncrono (tipo correo electrónico), otros muchos motivos de consulta se podría solucionar.

Pero esto NO ES TELESALUD por mucho que algunos gestores nos quieran vender unn I+D de mercadillo. No es telesalud por muchas razones:

  1. Se trata de una forma de comunicación útil y hasta ahora poco explorada entre los sanitaros y los pacientes pero nada más. La comunicación con el paciente (anamnesis) es una herramienta fundamental pero no la única para el diagnóstico.
  2. No podemos hacer una exploración física a través del teléfono, pero una videollamada nos podría dar alguna información adicional del estado del enfermo; como su estado general. La transmisión de archivos de imágenes nos podría generar un registro de alguna lesión o parte concreta de su cuerpo pero no disponemos de ello. Herramientas de medida que algunos pacientes crónicos disponen en sus domicilios (pulsioxímetros, glucómetros, tensiómetros, básculas, sistemas de autorregistro a través de aplicaciones móviles, registros electrocardiográficos de relojes inteligentes) podrían recoger los datos de salud y transmitirlos directamente a su historia clínica. Ya sé que hay variabilidad en la medida, algunos errores importantes, inequidades en salud por la tenencia o no de algunos de los dispositivos, dificultad en la toma de decisiones basándonos en datos que pueden no ser consistentes, pero al menos tendríamos más variables para decidir una consulta presencial o no. Estos inconvenientes pueden ser solucionados a través de: selección de dispositivos que cumplan unos requisitos de calidad y que el sistema de salud de como válidos, distribución por el propio sistema sanitario de dispositivos a pacientes que necesiten un seguimiento, formación y entrenamiento para su uso.
  3. No hay un plan. Un cambio de modelo o la inclusión en el modelo existente de cambios de actuación requiere una planificación y aquí no la hay. Solo la voluntariedad de muchos profesionales que organizamos la asistencia de la manera que podemos, con las herramientas que tenemos y la autonomía que nos ofrecen nuestros gestores.

Por lo tanto no podemos confundir telesalud (que incluye otros aspectos y disciplinas como la inteligencia artificial, la robótica o el big data aplicables en todo el proceso asistencial y tambien en la docencia, en la investigación y en la gestión sanitaria) con el uso de una herramienta de comunicación (teléfono) en la gestión de la demanda asistencial (teléfonosalud).

Sí es cierto que profesionales reacios al uso de la tecnología están comenzando a ver algunas ventajas y que ciudadanos, que no concebían la asistencia sin la previa sociabilización en la sala de espera, obtienen satisfacción en su uso. Estos hechos, que derrumban mitos,  deberían ser aprovechados por el sistema público para reflexionar sobre el papel de estas herramientas en un futuro inmediato y a medio plazo, ya que es posible que nos queden muchos meses por delante en esta situación y que debamos dar soluciones para evitar consecuencias en pacientes crónicos que se pueden complicar.

Puede ser que no haya interés, o que haya otros intereses o que se vendan «grandes soluciones inútiles» por parte de empresas tecnológicas, pero este análisis no le corresponde a un médico de familia.

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Médico de Familia. Doctorando URJC. Apasionado por la aplicación de la tecnología en todos los aspectos de la salud. Entreno Pokemon, investigo con bots y a veces buceo.

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