Sobre mi motivación personal

Hace unas semanas tuvimos en el Centro de Salud una sesión relacionada con cómo llegar a tener confianza por parte de nuestros pacientes. Anteriormente, y por casualidades de la vida, había leído esa misma mañana la entrada de la magnífica “Miranda Trauma” (!qué inmensa es María Eugenia Miranda!) en su blog sobre el paracetamor y ambas cosas que ocurrieron con pocas horas de diferencia me han animado a escribiros desde el corazón.

 

Al llegar a casa estuve dándole muchas vueltas sobre cómo enfocar este asunto de la motivación que creo es la clave de la cuestión. El porqué en un momento determinado de nuestras vidas, normalmente en la infancia, una serie de personas decidimos encaminar y luchar para que nuestra vida profesional (y personal) sea buscar lo mejor para los otros.

La palabra motivación procede de la palabras latina motivus (movimiento) y el sufijo -cion (acción o efecto). Es decir es el conjunto de circunstancias que llevan a una persona a hacer algo.

 

Mi biografía

Durante un momento de mi vida escolar me encaminaba a las ciencias. Mi profesora de ciencias naturales (de la que posiblemente estuviera enamorado de manera infantil) tuvo mucho que ver en mi inclinación a la biología, a llegar al conocimiento de la vida. Unos años después tuve un periodo de enfermedad leve, pero que me llevó durante unos meses a acudir de forma repetida al médico. Por aquel entonces no existía el Programa del Niño Sano y los niños sanos nos dedicábamos a jugar. De esa estancia en la sala de espera de la consulta y ver a gente que entraba con cara triste y salía de la misma sonriendo creo que nace mi vocación (en mi familia no hay médicos ni ningún otro profesional dedicado a la salud).

Las primeras renuncias vinieron en el entces BUP (había que estudiar para sacar el numerus clausos) y consistieron en dejar algún deporte de equipo (jugaba, aunque muy mal, al hockey sobre hielo) y un grupo de teatro.

Posteriormente entré en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid y allí conocí a otros médicos y médicas con los que me he reencontrado después de 25 años y reconozco que ahora soy capaz de apreciarles mucho más  que durante los años de competencia que compartimos como estudiantes. Durante esos años quizá no supimos aprovechar todo lo que cada uno de nosotros podíamos aportar… pero la vida es justa y me/nos ha permitido el reencuentro desde una madurez serena donde sabemos reconocer valores y empezamos a disfrutarnos gracias al whatsapp (que sería ahora de mí sin mis UAMeros). Mi vocación inicial dentro de la medicina: la ginecología (hasta que ví mi primer parto complicado) y en último año de la carrera descubrí la Medicina de Familia de la que me enamoré y cambió mi vida.

Un examen MIR, la “mili” (obligatoria por aquel entonces) Una residencia y muchos años de “adquirir tablas” en urgencias de hospital, urgencias extrahospitalarias, consultorios rurales y por último la “plaza en propiedad” en Leganés. A pesar de que se afirma que cuando una persona adquiere una  plaza en propiedad en la administración pública pierde el interés y la motivación, a mí me ha pasado lo contrario. He descubierto otros motivos , otras circunstancias para moverme, cuando la faceta asistencial está cubierta. Ahora disfruto con la docencia, con la investigación y hasta he tenido un periodo retirado de la asistencia para dedicarme a tiempo completo a la gestión sanitaria.

 

Mis motivos

Posiblemente mi motivo inicial para estudiar medicina estuvo en esa sala de espera del ambulatorio tradicional donde mi doctora (en aquellos tiempo en minoría de género abrumadora) era capaz de atender con una eterna sonrisa a los más de 50 pacientes que pasaban por su consulta en 2 horas. Allí aprendí, sin saber que tenian nombre, conceptos como empatía, interés genuino, comunicación y ayuda. Su naturalidad y su compromiso eran palpables y sobre todo esa capacidad por la que las personas que salían de su consulta eran reconfortadas.

Quienes me conocen como médico ahora comprenderán porqué siempre intento que todo el mundo que salga de la consulta salga sonriente… aunque hayan habido lágrimas durante la entrevista, el objetivo final es reconfortar y que mejor confort que una sonrisa de despedida.

Qué me empujó a estudiar medicina, posiblemente el deseo interno de querer ayudar a los demás, de aportar algo de mí en la vida de otros. Como dice mi amiga Maria Eugenia en la entrada de su blog que mencionaba más arriba, prescribir paracetamor

Y ahora tengo nuevas motivaciones: querer saber si lo que hago está bien o se puede hacer mejor (investigar), la necesidad de transmitir lo que se (más allá de lo que plasman los libros o los artículos científicos)  a las nuevas generaciones (docencia) o intentar organizar mi trabajo lo mejor posible y distribuir de manera lógica, justa y coherente los recursos existentes (gestión).

 

Mi compromiso

En el curso de hoy nos han enseñado una nueva visión de la palabra “compromiso” alejada de las connotaciones externas de obligación o necesidad de cumplimiento. Entender el compromiso como la toma de conciencia de cumplir o realizar una tarea para la gratificación personal ha sido bastante liberador.

Para ello nos han enseñado una fórmula aplicable a todos los ámbitos de nuestra vida.

 

Compromiso = Responsabilidad – (Frenos / Motivaciones)

 

Donde:

  1. Compromiso: Toma de conciencia de cumplir o realizar una tarea para la gratificación personal.
  2. Responsabilidad: Capacidad de dar respuesta a algo.
  3. Freno: Todo aquello que ralentiza o frena el desarrollo.
  4. Motivación: Todo aquello que nos mueve a hacer algo.

Es decir que para obtener la satisfacción personal (en este caso de ser un buen profesional sanitario) he de aumentar mi capacidad de dar respuesta (conocimientos, habilidades), disminuir mis frenos y aumentar mis motivaciones.

Los profesionales sanitarios en general tenemos muy claras las motivaciones y asumimos una responsabilidad (formación continuada, desarrollo de competencias, adquisición de nuevas habilidades) y somos muy críticos e identificamos bien los frenos (sobre todo los externos aunque tenemos frenos internos de los que no queremos ser conscientes).

Bueno, os dejo, que me pongo a la tarea de aumentar mi responsabilidad y mi motivación y disminuir mis frenos para tener un mayor compromiso.