Sobre uso y abuso en salud. ¿hay razones?

Estudiar medicina no fue fácil para mí. Fueron años de sacrificio y competitividad que me hicieron no disfrutar de un montón de compañeros de clase. Al cabo de los años y a raiz de cumplir 25 años del final de la carrera (!cómo pasa el tiempo!) creamos un grupo de whatsapp que sirvió para reunirnos en una gran fiesta y que casi dos años después mantenemos.

Este grupo de whatsapp, uno de los más activos de mi teléfono, se mantiene vivo y actualmente sirve para encuentros, reencuentros, felicitaciones y para compartir actividades y logros de esta comunidad que hemos vuelto a formar al cabo de los años con la tranquilidad que nos ofrece la madurez. Ahora comentamos noticias, planteamos dudas clínicas, de ética profesional, de logros personales y grupales…. nos mantiene en contacto a pesar de las distancias y los quehaceres diarios.

Grandes personas y profesionales….25 años después

Surgen debates de todo tipo que sabemos mantener y hay muchas consultas de nuestro día a día que queremos compartir con compañeros de muchas especialiades médicas y quirúrgicas. La semana pasada surgió una pregunta que os muestro en esta imagen.

Por la cabeza me pasaron muchas ideas agolpadas que intenté poner en orden:

  • Cómo llega a una consulta de un médico este problema de una adolescente sana de 17 años.
  • Cómo los programas de televisión de gran audiencia influyen en nuestra percepción de la salud.
  • Cómo buscamos soluciones proyectadas en otros ((ya sean en otras personas/profesionales o en otros elementos/herramientas/productos) en vez de intentarlos solucionar nosotros mismos.

En fin… se genra una pregunta que fácilmente podría haber sido resuelta con un poco de sentido común por parte de la propia adolescente que consultaba (o de sus padres). A lo mejor, hecer un poco de ejercicio, fortalecer los músculos de la espalda y hacer corrección postural utilizando nuestro propio corsé muscular sería mejor que acudir a un profesional (externo) para ver si un aparato (externo) arregla nuestro problema (interno) sin tener que hacer grandes esfuerzos (interno).

Además el deporte nos aportaría otros beneficios tanto físicos como psicológicos.

Estaba dando vueltas a este asunto cuando leo en un periódico un artículo sobre los ‘Abusuarios’, los pacientes de los que algunos médicos se quejan en Twitter y reconozco públicamente que a veces he tenido esa idea desde la perspectiva del profesional.

Os aseguro que con 40 o 50 pacientes al día da muchísima rabia ver cómo tenemos que invertir timpo en la consulta para hacer actividades alejadas de la medicina (y de la salud) restando tiempo a otras personas que de verdad lo necesitarían. Es decir, gestionar el tiempo en una consulta es una tarea de verdad agotadora.

El tiempo es limitado y tenemos que repartirlo pero muchas veces no se hace de manera justa y equitativa. Hay veces que invertimos casi el mismo tiempo en un proceso banal en alguien joven (cuyo motivo de consulta está motivado por «quedarse tranquilo») que en un paciente mayor complejo con numerosas enfermedades que requiere un tiempo amplio para pensar, meditar y valorar pros y contras de cada una de nuestras decisiones.

Pero esta es la perspectiva del médico (ampliable a cualquier sanitario que ve pacientes), pero ¿cuál es la perspectiva del paciente? y ¿por qué ocurre esto?.

Si me pongo en el papel del paciente (y me es difícil porque no tengo por el momento ninguna enfermedad conocida) he de decir que el hecho de solicitar una consulta a un profesional está generada por una necesidad. No creo que nadie venga a vernos «porque sí», sino por un motivo (es posible que sea miedo a padecer una enfermedad) y nadie lo hace para fastidiar a nadie.

El por qué ocurre puede ser mucho más complejo:

  1. La sociedad (así en general) busca la salud y el concepto de salud cambia según cambia la sociedad. Hemos generado «enfermedades» como la calvicie, el acné, las agujetas o un resfriado común que hace años o no lo eran o se solucionaban en casa con medios y remedios caseros tan eficaces (o más) que la química de los fármacos.
  2. La sociedad (así en general) nos hace cada vez, a cada uno de nosotros, más inútiles en el sentido que buscamos profesionales que nos confirmen lo que ya sabemos o no sabemos hacer. En otros aspectos de la vida que no tienen nada que ver con la salud reconozco que tiemblo solo con pensar que pueda tener un pinchazo en la rueda de mi coche porque sería incapaz de cambiarla solo ( y tendría que llamar a alguien para hacer algo que mi padre hacía con naturalidad).
  3. La sociedad (así en general) ha decidido que el médico sea el profesional que tenga que acreditar por escrito una serie de motivos «de salud» por los cuales alguien «no está capacitado» para hacer o asistir o realizar cualquier cosa que se nos pueda ocurrir a cualquiera. La más folclórica (y es real) es cuando una señora acudió a la consulta de una compañera para que le hiciera una nota por la cual, debido a su artrosis, podía pasar una silla de playa al césped de la piscina de su comunidad porque el administrador de la finca se lo exigía (???).
  4. Los gestores sanitarios/políticos (así en general) han promovido por razones que aún no alcanzo a comprender, la dependencia a los profesionales sanitarios. El «programa del niño sano» ha sido una losa en atención primaria que nos ha conducido a tener padres que tienen que llevar al médico a sus hijos estando sanos (y … ¿cómo les decimos que cuando tienen mocos la solución es limpiarlos en su casa y no acudir a su pediatra o a la urgencia del hospital, si cuando están sin mocos les citamos en nuestras consultas?). Otra gran frase es «para prevenir…» porque queremos prevenir lo que no se puede prevenir o hay que hacerlo con estilos de vida saludables que cualquier ciudadano sabe hacer (comer sano, no fumar y hacer deporte se deben promover y alentar a través de mecanismos y espacios que están fuera de las consultas). Por otro lado el sistema sanitario no ha incluído de manera eficaz a otros profesionales en salud dándoles un papel real (fisioterapeutas, trabajadores sociales, matronas y enfermeras haciendo libremente su trabajo sin medicocentrismo) y a otros ni siquiera hemos contado con ellos (preparadores físicos, nutricionistas…). Como decía un gran profesor mío… «el principal factor de riesgo para morir es estar vivo» y realmente el miedo a la muerte (o al sufrimiento) hacen buscar soluciones ante cualquier disfunción (por mínima que sea) de nuestro cuerpo.
  5. Los gestores sanitarios/políticos (así en general) han hecho de la accesibilidad al sistema un principio que no es discutible (aunque sí lo es) por razones puramente estratégicas que no tienen nada que ver con la salud de la población ni de la comunidad.
  6. Las personas (así en general) no conocemos ni el sistema sanitario ni cómo usarlo porque nadie nos ha enseñado. No creo que sea una cuestión genética que afecte a la picaresca española, sino que nadie de forma real ha definido exactamente para qué sirve el sistema público de salud, cuáles son sus servicios (que son limitados) ni es pública la cartera de servicios. Parece poco congruente que los profesionales trabajemos sobre unos servicios que los ciudadanos desconocen y de esta incongruencia surgen desajustes.

Es posible que alguien con capacidad de decisión, desde la coherencia y la valentía, sea capaz de replantear un nuevo sistema adecuado a las necesidades y demandas de esta sociedad donde quepan más profesionales con autonomía y accesibilidad directa, donde los ciudadanos sepan para qué sirve el sistema y cuándo y cómo pueden acudir… que no todo caiga sobre la voluntariedad y esfuerzo de los profesionales que estamos en primera línea de asistencia (cualquier profesional sanitario en cualquier nivel asistencial) porque ya estamos agotados.

Y esto es extensible a los médicos, a las enfermeras, a los fisios, a las matronas, a los técnicos. En los centros de salud, en las urgencias extrahospitalarias, en las urgencias hospitalarias, en los hospitales, en las consultas de ambulatorio….

Cuando las expectativas de los usuarios/pacientes/ciudadanos no se ven compensadas con las actividades de los sanitarios se generan situaciones de agresividad y violencia física y verbal en las que perdemos todos (y mucho).

Se trata de claridad, conocimiento del sistema, conocimiento de derechos y obligaciones, coordinación entre instituciones.

Nada que un poco de buena voluntad y sensatez no pueda arreglar… pero hagánlo pronto, ya estamos agotados.