Tribulaciones y dudas

En la mayoría de las ocasiones la enfermedad no es el mayor límite en la salud de las personas y sobre todo en nuestros ancianos donde la alimentación, el apoyo familiar, la accesibilidad en su domicilio y otros factres sociales, arquitectónicos, relacionales o incluso religiosos pueden afectar a su salud.

Muchos de quienes acudís a mi consulta sabéis que frecuentemente hay una (o un) joven estudiante de último curso de medicina dentro de la consulta. El primer día son sujetos pasivos y el objetivo es que en las pocas semanas por las que rotan en el centro de salud vayan aprendiendo algunas habilidades y conocimientos específicos del nivel asistencial primario además del funcionamiento y estructura de los centros de salud.

Alejados por primera vez del hospitalocentrismo que domina toda su formación, descubren poco a poco, la longitudinalidad de la asistencia, la importancia de conocer ese entorno físico y emocional que rodea la slud (y la enfermedad) y que condiciona nuestra forma de estar en el mundo.

Les sorprende mucho cuando preguntamos por familiares cercanos que sabemos están enfermos, cuando proguntamos por esos problemas confesados en entrevistas previas, cuando damos ese salto a lo psicosocial cuando sospechamos que el origen del proceso no corresponde a una enfermedad de las «que aparecen en los libros».

Creo que se llevan mucho tanto de los profesionales como de los pacientes que llegan a la consulta y algunos, los menos, se enamoran de esta especialidad igual que yo me enamoré de ella en sexto de medicina.

Os presento un trabajo que ha elaborado una de las últimas estudiantes que han pasado por la consulta, la futura Dra. Teresa López Bernal. No lo quiero copiar completamente ya que aún no lo ha presentado, pero quería mostrar tanto el trabajo que hacen estos alumnos, algunas de sus reflesiones, el impacto que para ellos supone ver una medicina alejada de la tecnología del hospital y además hacer patentes las dudas que continuamente nos asaltan la cabeza.

La duda, la tribulación, los pensamientos íntimos y rápidos que nos obligan a tomar decisiones en un limitado tiempo y que afectan a la salud de los ciudadanos a quienes servimos.

 

«¿Qué hacer cuando un paciente de 92 años, casado, que vive en un 4º piso sin ascensor, sufre un ictus de 48 horas de evolución?. El paciente se encuentra estable y el hijo pide la opinión de su Médico de Familia. Cuando acudimos al domicilio y exploramos al paciente, supimos que no debíamos activar un código ictus, pero dudábamos si llamar a una ambulancia o dejar que el paciente se quedara en su domicilio atendido por sus familiares.»

 

Y así comienza su precioso trabajo lleno de ciencia y humanidad donde se tuvieron muchas dudas para combinar lo mejor para el paciente, lo mejor para su familia y lo correcto para el médico