“Un cuarto pintado de colorines donde lo que hay es un médico de familia”

Es cierto que el ser médico no confiere por sí mismo educación y respeto, pero creo que a quienes nos dedicamos a atender personas, son características que se nos deberían exigir, incluso a algunos miembros de la Asociación de Pediatras de Atención Primaria de Andalucía (AndApap)

No es que esté sensible pero hablar de “consultas de pediatría” y de “Un cuarto pintado de colorines donde lo que hay es un médico de familia” parece una forma despectiva de tratar al profesional (médico de familia) que ocupa una consulta (y no un cuarto pintado de colorines).

Pese a lo que parece desde fuera (“luego pasa algo y sois una piña”) posiblemente el colectivo sanitario en general y médico en particular podemos ser el menos cohesionado y solidario que exista.

Todo esto viene a colación de las reclamaciones de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria a la Administración Sanitaria en la que están utilizando como carnaza a todos los Médicos Especialistas en Medicina de Familia que pasan consultas de pediatría en Atención Primaria de Salud para generar conflicto y basar sus reivindicaciones laborales contando a los ciudadanos una verdad a medias o, al menos, su visión (sesgada) de la realidad.

He aquí mi versión, por supuesto también sesgada, como Médico de Familia.

Carta abierta a los compañeros de la Asociación de Pediatras de Atención Primaria.

 

“Estimados compañeros:

Desde hace algunos años leo tanto en comunicados de vustra asociación como en algunas declaraciones públicas a los medios de comunicación una serie de actitudes que personalmente me desagradan y no encuentro explicación.

Es cierto que algunas declaraciónes y reivindicaciones son correctas. Especialmente las que hacen referencia a la baja remuneración de los médicos como causa de la pérdida de profesionales altamente formados que deciden irse al extranjero en busca de puestos de trabajo más estables y mejor remunerados. Pero esto ocurre, no solamente en vuestra especialidad, sino en todas las especialidades médicas.

En otras reivindaciones no estoy tan de acuerdo y paso a enumeraros mis discrepencias a nivel personal; fruto de estar trabajando en el sistema público de salud desde hace más de 20 años en labores asistenciales y de gestión.

Todos los profesionales sanitarios que trabajamos en el sistema público estamos condicionados en nuestro trabajo por decisiones estratégicas que se escapan al ámbto de actuación y decisión de los profesionales asistenciales y en ocasiones las tenemos que asumir y admitir a sabiendas que no son las mejores ni para nuestro trabajo y posiblemente tampoco para la salud de los ciudadanos que atendemos.

En este contexto vemos dos situaciones que se están repitiendo en las últimas décadas con argumentos, por parte de la administración, oscilantes dependiendo de las necesidades existentes en cada momento y de la disponibilidad de profesionales para cubrir la demanda asistencial. Me refiero a la existencia de Médicos de Familia ocupando plazas de Pediatría en Atención Primaria, a las disputas de quien lo hace mejor y a la edad de paso desde la consulta de pediatría a la consulta del médico de familia.

No voy a entrar en los dos últimos conflictos ya que podríamos desplegar estudios descriptivos en ambos sentidos en cuanto a calidad de prescripción o criterios de derivaciones y entraráimos en otra discusión bizantina. Tampoco quiero entrar si los 8, 14 o 18 años es la edad para que un niño o niña pase a ser una persona adulta o qué profesional está mejor preparado para dar una asistencia de calidad (porque esa, estaréis conmigo, debe ser el motivo del corte) a los adolescentes de la comunidad. Desgraciadamente los criterios para el corte dependen de la carga asistencial a cada uno de los profesionales del centro de salud, decidiendo que un niño de 8 años ya es adulto o uno de 18 continúa siendo niño. Pero en esta situación tampoco los médicos de familia tenemos capacidad de decidir.

La administración ha considerado a los médicos de familia como piezas comodín dentro de la atención primaria de manera que la versatilidad en la formación les convierte en “aptos” para pasar una consulta de pediatría, pero desde el punto de vista de los méritos durante algunos años eran “castigados” ya que el mes de consulta de pediatría tenía menos valor que el mes de consulta en una plaza de médico de familia. Es decir se daba la paradoja de que los médicos de familia éramos capces de hacer una tarea profesional que beneficiaba a la administración y luego nos penalizaba por ello por ello (desde hace algunos años esta paradójica situación se ha corregido). Lo mismo podría decir para las urgencias hospitalarias, plazas ocupadas en una gran proporción por médicos especialistas en Medicina de Familia y Comunitaria.

Uno de vuestros asociados dice en una de las últimas declaraciones “soy contrario a que se diga que no hay pediatras” argumentando que hay especialistas en pediatría trabajando fuera del sistema público de salud (buscando contratos más estables, en mejores condiciones y posiblemente mejor remunerados). ¿Tenemos culpa de ello los médicos de familia?, ¿son culpables de esta situación los médicos de familia que pasan consultas de pediatría?.

También podríais ser un poco más críticos con la formación de vuestros especialistas. Hay que recordar que se trata de una especilidad hospitalaria y hospitalocentrista que, salvo ciertas excepciones, tanto de algunos servicios como de algunos profesionales, el ejercicio profesional fuera del hospital está bastante peor visto que el hospitalario. Posiblemente una de las causas de la falta de vocaciones en atención primaria por parte de los pediatras es que su formación está orientada a ver el trabajo del centro de salud como un trabajo de “segunda categoría” y poco atractivo y ello contribuye a que las plazas de pediatría en los centros de salud no se cubran por pediatras y queden desiertas. Incluso se han ensayado fórmulas de contratos mixtos entre el hospital y centros de salud para que los pediatras pasen parte de su jornada laboral en primaria y parte en el segundo y tercer nivel asistencial (fórmulas que han fracasado al menos en el entorno que conozco).

Decís en vuestras declaraciones «El pediatra está formado para los niños, el médico de familia, no, aunque pase dos meses consulta. No es lo mismo». ¿Cuantos meses de formación MIR pasa un pediatra en el centro de salud?. Escasamente dos, los mismos que un médico de familia rota en pediatría. Evidentemente un pediatra está formado para ver niños (para ello tiene 4 años de formación MIR). ¿Dos meses son insuficientes para que un médico de familia aprenae pediatría, pero esos mismos dos meses sí son suficientes para que un pediatra tenga formación en atención primaria?. Posiblemente una de las causas de la falta de atractivo de la primaria para los pediatras sea su desconocimiento, porque en dos meses un profesional no se llega a enamorar de esta visión social y comunitaria de la medicina. Creo que deberíais (desde la humlde opinión de un médico de familia) revisar la formación de vuestros especialistas en ese sentido.

Os  comprendo. Porque a los médicos de familia nos pasa lo mismo. Aunque nuestra formación está más orientada al centro de salud (pasamos casi la mitad de nuestro periodo formativo MIR en nuestro centro) cuando terminamos la residencia las perspectivas laborales en el entorno de la atención primaria pública son muy poco atractivas. Contratos con escasa continuidad e inestables y en condiciones muy precarias hacen que sea mucho más atractivo trabajar en un servicio de urgencias, en la sanidad privada o en otros países donde la figura del médico de familia tiene más prestigio y mejor remuneración. Es decir que en el fondo tenemos los mismos problemas y en vez de unir nuestras fuerzas, os empeñáis en culpabilizarnos.

Queridos compañeros, no tenemos la culpa de la falta de pediatras en atención primaria, más bien hemos sido parte de la solución cuando la administración ha decidido que estábamos capacitados para cubrir esas plazas que no queríais ocupar. Posiblemente el profesional que pasaba consulta en “un cuarto pintado de colorines” es un estupendo profesional (sea de la especialidad que sea) que esté dando lo mejor de sí para ofrecer la mejor asistencia posible a los niños de su comunidad. No lo olvidéis.

Cuando deberíamos trabajar en el mismo sentido, aunando fuerzas ante problemas similares; parece que algunos miembros de vuestra asociación hacen declaraciones poco afortunadas, en cierto sentido ofensivas y culpabilizadoras, con el objetivo totalmente fuera de la diana a la que se debe apuntar. Los argumentos ante la administración creo que deberían ser comunes, no solamente de los médicos de atención primaria, sino de todos los profesionales que trabajamos en ella con unos presupuestos menguantes anualmente. En vez de dividir, aunemos esfuerzos

Recibid un saludo del compañero de la consulta de al lado de vuestro centro de salud.”

Soy miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Madrileña de Medicina de Familia y Comunitaria (SoMaMFyC) pero escribo esta entrada a título personal e independientemente de las opiniones de mi sociedad científica respecto a este tema, como médico de familia, trabajador en un centro de salud, desde hace ya muchos años.