Sobre portavozas en la profesión médica

Escribo esta entrada el día en el que Irene Montero se ha convertido en trending topic en redes sociales con la etiqueta #portavozas por sus declaraciones en el día en que habló de “portavoces y portavozas”.

No hay duda, y ya ha hablado la Real Academia de la Lengua, que la palabra “portavoz” es común en cuanto al género y que éste se determina por el género de los determinantes y adjetivos que le pueden acompañar.

Ya tenemos la discusión en Twitter… (cuánto gusta esta red social de ser vehículo de discusiones y albergar “haters” de toda edad y condición) con dos vertientes:

  1. Los responsables políticos, al igual que cualquier persona relevante con exposición pública (incluyendo periodistas y tertulianos) deben ser altamente cuidadosos en el buen uso de la lengua. El mantenimiento de la norma ha de estar por encima del sesgo de género claramente existente en nuestro idioma.
  2. La lucha por la igualdad y la visibilidad de la mujer ha de estar por encima de la pureza de la lengua. Por otro lado los idiomas son herramientas de comunicación que se han de adaptar a la sociedad de cada momento.

Entre ambos extremos existe un término medio. No soy experto ni en comunicación y domino el español a “nivel usuario” por lo que no pretendo ser un referente, pero mi opinión es la siguiente:

  1. Es cierto que los personajes públicos (y no solamente los políticos) deben ser cuidadosos en el uso del idioma. Los medios son amplificadores de declaraciones y un mal uso del idioma en ellos tiene una repercusión importante.
  2. Es cierto que los políticos han de responsabilizarse de la igualdad de la mujer en una sociedad machista que incluso, en extremo, lleva a la muerte  a muchas mujeres por el hecho de ser mujeres o que viola en manada o en solitario a mujeres por el hecho de ser mujeres (no veo asesinatos ni violaciones de hombres por mujeres). Creo que este segundo punto ha de estar por encima del primero, pero lo que no tengo tan claro es que el mal uso del idioma sea una herramienta para lograrlo (por otra parte me pregunto a mí mismo qué es un mal uso del idioma).
  3. Posiblemente esta declaración tenga mayor repercusión (desgraciadamente) que otras perfectamente formuladas en el mismo idioma y que tienen una transcendencia (o trascedencia) mucho más grave como “No nos metamos ahora en eso“.
  4. Y para el feminismo falófobo… el hecho de no tener vagina, no significa que no sea sensible a las injusticias de género.

Me muevo en una profesón de mayoría femenina. Desde el ininicio de mis estudios éramos más chicas que chicos en las clases (aunque hemos teniddo más profesores que profesoras). Pensaba que sería parte de las historia y que las mujeres conquistarían puestos de mayor relevancia en la gestión y dirección sanitaria… pero no ha sido así.

He tenido el orgullo de tener más jefas que jefes y (al menos en sanidad) creo que ellas tienen una visión más cercana a mis ideales de lo que debe ser un sistema sanitario que ellos. He disfrutado de gerentas, directoras médicas y subdirectoras médicas y mi relación con ellas ha sido altamente satisfactoria.

Pero aún queda mucho que hacer ya que “Los médicos españoles se deciden a trabajar por la igualdad de género sin mujeres” donde el Foro de la Profesión Médica se implica en una buena labor. Trabajar por la igualdad de género sin mujeres es como hacer planes de salud comunitaria sin contar con la comunidad (seguimos cayendo en los mismos errores) y además en una profesión donde el número de mujeres en la actualidad supera al número de hombres. Como decía Marta García-Puente en los comentarios de mi Facebook cuando publiqué esta noticia:

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