Conflictos de interés en el mundo sanitario

Un conflicto de interés es aquella situación en las que el juicio de un sujeto o la integridad de sus acciones pueden estar indebidamente influenciadas por un interés secundario. Un profesional incurre en un conflicto de intereses cuando en vez de cumplir con lo debido guía sus decisiones o actuaciones en beneficio propio o de un tercero.

 

En el mundo de la salud, como en cualquier otro, existen conflictos de interés. Muchos de ellos son a un nivel pequeño pero frecuentes y cotidianos.

La relación entre el médico y el paciente es una relación fiduciaria, es decir, depende de la confianza, y además se da en un plano de desigualdad en la que el paciente, además de depositar la confianza, condiciona parte de su libertad de decisión en salud en el juicio de un profesional que  presupone va a ser justo e independiente.

Los médicos hemos sido educados en principos éticos de beneficencia, no maledicencia, justicia y autonomía y pensamos que nuestra actitud respecto a los mismos es correcta. Pero la experiencia demuestra lo contrario ya que en un estudio realizado en 1994 concluye que “Las solicitudes de los médicos de que los medicamentos se agreguen a un formulario de un hospital se asociaron de manera fuerte y específica con las interacciones de los médicos con las compañías que fabrican los medicamentos”.

Es decir la interacción con la industria farmaceutica genera conflictos de interés de una manera poco estridente relacionados con la formación de los profesionales. Hace años las estrategias eran más descaradas y sin regulación. Hoy en día la relación entre la industria farmaceutica y los médicos (y sociedades médicas) sigue siendo necesaria y está regulada.

¿Quiere decir que el médico no puede colaborar con la industria farmaceutica?.

No, bajo mi punto de vista. La industria dispone de ayudas formativas que pueden llegar a ser interesantes. He colaborado con diferentes laboratorios sobre todo en la redacción de contenidos relacionados con tecnología y salud y nunca ha existido ingerencia en los mismos (libertad absoluta de redacción y total independencia) y por ello he recibido remuneración económica.

Como alumno he asistido a diferentes cursos organizados por la industria con gran variabilidad de posibilidades; desde cursos interesantes e independientes hasta cursos orientados de forma sospechosa a maximizar las bondades de las moléculas que comercializaba dicho laboratorio. De todo hay, pero la actitud crítica del alumno en cualquier tipo de formación es necesaria.

¿Cómo ha de ser esa colaboración?.

Ha de ser transparente. Lo peor de los conflictos de interés es no declararlos y creo que todo profesional sanitario debería hacerlo siempre. En mi caso en todas las presentaciones a congresos la primera diapositiva es la declaración de conflictos de interés de los últimos 5 años y en mi página web los tengo actualizados.

La industria farmaceútica a través de Farmaindustria ha desarrollado el Código de Buenas Prácticas de la Industria Farmacéutica que aunque no está exento de críticas es un primer paso de transparencia de muchos que se debían dar. Según el artículo 18 de este código de conducta se han de declarar:

  • La prestación de servicios a favor de cualquier laboratorio asociado a Farmaindustria.
  • La inscripción a congresos.
  • Los gastos de hospitalidad y transporte derivados de eventos y reuniones organizados por terceros o por el propio laboratorio.

Uno de los problemas que se achacan a este código que ha sido promovido por la propia Farmaindustria son:

  • Que solo es de obligado cumplimiento para aquellos laboratorios asociados a Farmaindustria.
  • Que cada laboratorio tiene su propia base de datos y no existe un registro unificado.
  • Que cualquier médico puede ejercitar sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición.

Por un lado es lógico que si este código ha salido de Farmaindustria, el cumplimiento es obligado a las empresas adscritas y no al resto. Por otro lado el ejercicio de los derechos de cancelación y oposición por parte del médico supone un problema ético para él mismo.

 

La declaración de los conflictos de interés.

Se critica muchas veces que la declaración de los conflictos de interés es un acto cosmético por parte del médico que la realiza. No creo que todo valga desde el punto de vista ético y esta decisión es individual. Por mi parte intento hacer un ejercicio de transparencia con su declaración. Intento que la mayoría (por no decir la totalidad) de mis colaboraciones sean para actividades patrocinadas con laboratorios y que no tengan que ver nada con medicamentos (la mayoría de mis colaboraciones han sido en temas de formación de salud digital) y declaro todas; tanto las relacionadas con laboratorios farmaceuticos como las relacionadas con empresas de formación o tecnológicas.

Creo que tanto mis compañeros en congresos como los pacientes a quien atiendo en consulta han de saber quien, además del sistema sanitario público, puede influir de forma directa a través de cualquier tipo de compensación económica en mi toma de decisiones.

 

Soluciones.

Posiblemente el Sistema Sanitario Público, como empleador, podría de alguna manera, tener una iniciativa similar y solicitar las declaraciones de conflictos de interés a sus trabajadores. No se que grado de obligatoriedad legal podría haber una base de datos centralizada y de acceso público a todos los usuarios del sistema. Ese sería un ejercicio de transparencia de manera que se sepa quienes declaran conflictos de interés y con qué empresas, quienes no tienen ninguno y quienes renuncian a declararlos