Salvemos Internet!

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He estado ojeando artículos pendientes que quería leer. Ayer dí con uno de finales de agosto de este año: “Los tres grandes retos de la Fundación World Wide Web para proteger Internet” de Noelia Núñez para El País One donde hace una entrevista a José M. Alonso, Director Ejecutivo Interno de la Fundación World Wide Web (WWW). Se trata de un artículo muy realista donde se nos ofrece una posibilidad nada agradable del futuro de nuestros datos, ocio y comunicación.

Nos cuenta José Alonso los que son, a su juicio, los tres grandes peligros a los que se enfrenta la WWW tal y como fue concebida (universal, libre, gratuíta) y éstos son: la utilización de nuestros datos personales, la neutralidad y la libertad.

Respecto a la utilización de nuestras datos personales hemos hablado mucho en el blog del Grupo de Nuevas Tecnologías de la SoMaMFyC a este respecto diciendo que nada hay gratis en la red y recordando la frase “en el servicio donde no pagas te conviertes en el producto y no en el cliente”. Las grandes corporaciones nos ofrecen, sin coste directo económico para nosotros, la posibilidad de buscar información, de comunicarnos a través de correo electrónico o con sistemas de mensajería, de almacenamiento ilimitado de imágenes… y todo ello sin costarnos un euro, pero a cambio de la información.

¿Nos hemos leído las condiciones en las cuáles contratameos estos servicios? (casi nadie lo hace), ¿sabemos realmente a quien pertenecen las imágenes, los documentos que subimos a la red o compartimos a través de plataformas?, ¿sabemos qué se hace con ellos? (¿y quién y para qué se usan?). Cuando se desarrolló un algoritmo de reconocimiento facial que funcionaba tenía que ser entrenado a través de Big Data y qué mejor forma de obtener esas ingentes cantidades de datos que dejar subir imágenes de forma “gratuita” a la red. Además teníamos la posibilidad de “etiquetar” a las personas que aparecían enlas mismas, es decir estábamos dando material de entrenamiento y estábamos entrenando al propio algoritmo.

Es decir nos estaban ofreciendo un servicio (gratuito?) a cambio de nuestras imágenes (parte de nuestra privacidad) y del entrenamiento masivo y con pautas de una herramienta que iba a proporcionar grandes beneficios empresariales.

Por ahora nuestras búsquedas en Internet son gratis porque según lo que busquemos se sabe cómo somos y se nos puede ir introduciendo publicidad dirigida y gracias a este hecho se mantiene de forma grtuíta un servicio. Evidentemente por el momento esta situación es empresarialmente beneficiosa y compensa el mantenimiento del sistema de búsqueda sin cobrar con los ingresos producidos por esta publicidad dirigida (todo ello convenientemente monitorizado). ¿Qué pasaría si en un futuro no fuese rentable?, ¿y si tuviéramos que pagar por las búsquedas?.

Pero los “malos” no tienen por qué ser las empresas. Un amigo me decía, prefiero esta publicidad dirigida a una publicidad masiva y global donde soy bombardeado por temas que no son de mi interés. Reconozco que no me disgusta que si voy de viaje a un país, a la tercera búsqueda que hago sobre el tema ya me empiezan a sugerir hoteles, ofertas de vuelos, excursiones o posibilidades de ocio allí (y alguna vez me he dejado llevar haciendo clic en los enlaces) o los algoritmos asociativos de si has comprado este libro “te puede interesar” este otro, o si has escuchado a tal grupo o has visto esta películoa “te puede interesar” estos otros grupos o estas películas o series (y casi siempre aciertan).

Decía que los malos no tienen por qué ser las empresas. ¿Qué pasa con los gobiernos?. No me refiero a gobiernos democráticos donde más o menos nuestros derechos y libertades se ven respetados, me refiero a gobiernos opresores que tienen acceso a datos sobre nuestra intimidad y privacidad (ideas políticas, religiosas, preferencias sexuales, tipo de ocio…) y que estamos alimentando… nosotros mismos con un afán de “compartir” que muchas veces sirve más para alimentar nuestro ego y significarnos de nuestros iguales, que el hecho altruísta de compartir información.

Y esto entronca con nuestra libertad. Cuando compartimos datos privados y hablamos de nosotros mismos en las redes sociales, en este mismo blog, por correo electrónico o en programas de mensajería … estamos transmitiendo una imagen de lo que somos, de lo que pensamos, de lo que hacemos, de cual es nuestra visión del mundo y de nosotros mismos y estamos configurando nuestra radiografía digital que compartimos hasta el infinito, que deja una huella y que es muy difícil de borrar.

Nuestra libertad se ve amenazada cuando descargamos una aplicación donde nos solicita el acceso a nuestra geolocalización y éste dato no es necesario para su funcionamiento, o cuando no podemos acceder a través de nuestro perfil social y nos solicita el acceso a nuestros amigos o a publicar en nuestro perfil, o cuando nos solicita el acceso a nuestra agenda de teléfonos. Esto puede tener aplicaciones en marketing (que nos aparezca en nuestro perfil que nuestro amigo fulanito ha comprado tal libro… “si le gusta a él, puede ser interesante para mí”), pero también crea un grafo social en el que nos sitúa en el centro de un univrsoo de contactos. Saber qué contactos tenemos (nos agrupamos por semejantes) hace que nuestros contactos estén clasificados dentro de un determinado grupo y cuando ésto se multiplica por miles y millones d egrafos es posible que aunque alguien no haya utilizado nunca Internet (y mira que es raro), se pueda tener una idea bastante aproximada de cómo es gracias a los grupos con los que está relacionado.

Es decir, al igual que las vacunas confieren inmunidad de rebaño, la red global nos convierte en rebaño y nos dota de características conocidas extrapolables a nosotros mismos aunque no hayamos tenido contacto con ella. Ahora mismo da igual que estemos o no conectados cuando todo nuestro entorno lo está. Da igual que hablemos o no de nosotros mismos cuando nuestro entorno habla de nosotros.

Los resultados de unas oposiciones, los artículos que publicamos, las multas de tráfico que nos ponen… todo ello aparece en la red, nos define, es accesible y nos identifica y caracteriza como personas.

Parece mentira cómo hemos sacrificado nuestra libertad en pos de una idea, en principio altruista, democratizadora y universal, que en un momento dado se puede volver contra nosotros.

Y qué decir sobre la neutralidad. En las últimas elecciones en EE.UU. las redes sociales se han convertido en protagonistas. En nuestro propio país los políticos invierten dinero para que expertos hagan más atractivos sus perfiles sociales… Internet se ha convertido en una herramienta ideologizante muy potente.¿Donde queda la neutralidad?.

Para terminar el artículo de El País dice José M. Alonso : “que la web se mantenga libre y gratuita en el futuro para todo el mundo. Tenemos que intentar frenar esa centralización lo antes posible, porque si no podemos acabar en un mundo en el que cinco grandes corporaciones decidan por nosotros. Y no es ese el mundo en el que yo, por lo menos, querría que mi hija viviera”… yo no tengo hijas (ya estoy dando datos personales), pero tampoco quiero que mis sobrinos vivan en este mundo